viernes, 5 de febrero de 2010

El niño matarife

Hay días que te reconcilias con el ser humano y otros en los que pierdes toda esperanza.En mi trabajo de maestro éstos se alternan. Este año tengo mas de éstos últimos y uno de ellos fue el otro día cuando uno de mis alumnos, A.,de 6 años, me habló de su día de matanza gorrina. Lejos de asustarse del proceso maquiavélico que, sin embargo, paradójicamente, conduce al placer del jamón sudao en el plato, el chiquillo disfrutaba de cada uno de sus pasos: acecho, persecución, rapado y finalmente matanza del cochino en la que, según contaba, pudo “jincar y jincar varias veces el cuchillo” mientras su abuelo y padre sujetaban al gorrino sentenciado.
Mientras observaba el brillo de sus ojos al contar su historia, tuve un flashback de futuro en forma de titular de periódico: “El psicópata de los Pedroches, por fin detenido”, pero luego pensé que quizás era algo exagerado. Tal vez su futuro sólo fuera ser carnicero o se dedicaría a la caza o la pesca con mosca. De lo que no tengo duda es que no le atraerán las artes o el budismo porque lo suyo, sea lo que sea, sería muy terrenal.
Otra de mis alumnas, M. también me contó como estuvo corriendo detrás del gorrino en la matanza del fin de semana. No pudo cogerlo, claro, pero le gustó ver “como chillaba y chillaba como si estuviera loca la cerda”. Su hermana, sin embargo, dijo que le daba miedo porque era fea y negruza. No todo está perdido.

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