martes 10 de febrero de 2009

La niña que hacía pompas

Yo de pequeño también hacía pompas. Mezclabas el mistol con un poco de agua en un vaso pequeño, lo meneabas y luego soplabas por un artilugio redondeado que previamente mojabas en la mezcla. El resultado de aquello eran pompas gordas y pequeñas, que vivían unos segundos (lo suyo era contar cuantos) y luego se iban haciendo más frágiles hasta que estallaban. En ese proceso de descomposición la pompa tenía tres fases: La primera en la que la pompa vagaba a su antojo, segura, brillante. La segunda empezaba con una caida hacia el suelo y un acristalamiento del pomperío, y la tercera sucumbía con una destrucción inevitable en forma de !pop! que era hasta gracioso.
Comparativamente nosotros tenemos la vida de una pompa y de nosotros depende prolongar esa primera fase con bocadillos de ilusiones varias y moral abundante.
Ya los niños no hacen pompas, y es de urgencia llevar la Pompología a los colegios porque con tanta pleiesteision y pamplinas digitales los niños van a olvidar la realidad que, aunque fea de cara, tiene también sus cosas buenas.

1 comentarios:

vinagorra dijo...

recuerdo quitar la barilla al boli bic pa soplar y luego al ponerla pa volver a usarlo se guarreaba to el cuaderno de la espuma que había quedao, que buenos tiempos aquellos